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Alguna vez en la vida, todos nos hemos topado con alguien que, de una u otra forma - e incluso sin proponérselo - nos causa impacto y marca un antes y un después en nuestro camino.

A menudo, estas personas son protagonistas de nuestras historias de éxito y los describimos como alguien que nos animó en un momento determinado, como un modelo a seguir o un amigo que compartió con nosotros algún secreto profesional.

De forma innata y probablemente sin proponérselo, esas personas actuaron como un coach para nosotros.

¿Qué es ser coach?

Así como existen personas que no necesitan aprender sobre liderazgo para llegar a ser buenos líderes, también hay personas que nacen con una gran capacidad para ayudarnos a cumplir una meta. Pero al igual que en el ámbito del liderazgo, es posible adquirir estas habilidades mediante un aprendizaje consciente.

En este artículo, cuando respondemos a la pregunta de qué es ser coach, estamos hablando de este segundo grupo de personas: aquellas que han aprendido coaching de manera consciente y utilizan sus habilidades en el mundo profesional.

Entonces, ¿qué es ser coach? Un coach - también llamado facilitador - es una persona que se dedica al coaching, que es un proceso de aprendizaje para que un sujeto pueda desarrollar todo su potencial en la consecución de un fin específico.

El coach es una especie de acompañante que, lejos de decirnos lo que tenemos que hacer, está ahí para escucharnos, retarnos, preguntarnos sobre nuestros planes, participar en una lluvia de ideas, etc. Y es que, como su nombre lo indica, es ese personaje que nos invita a progresar y nos anima a seguir adelante.

¿El coach es siempre alguien cercano?

No necesariamente. Aunque nuestros amigos y familiares pueden realizar un papel parecido al de un coach en un momento determinado, los coaches profesionales viven de hacer relucir nuestras fortalezas, esa es su profesión.

Sin embargo, esto no quiere decir que no desarrollamos con él algún tipo de conexión. Después de todo, una de las habilidades necesarias para ser un buen facilitador es la empatía y la capacidad de comunicación; pero más que un amigo, el coach es alguien que usa con nosotros una especie renovada de método socrático.

Cuando me preguntan qué es ser coach, Sócrates viene a mi mente porque es la imagen que se tiene de un facilitador. Sócrates enseñaba a sus seguidores a través de métodos de pregunta - respuesta con el objeto de rebatir sus creencias y pensamientos.

A diferencia de otros maestros filosóficos, caminaba con sus discípulos y los acompañaba en el viaje. No pretendía saber más que ellos, más bien se hacía el ignorante y era una persona sabia y equilibrada a nivel emocional que sabía reconocer el potencial de otros y cómo explotarlo para bien. Este es, en esencia, el papel de un buen coach.

¿Qué habilidades tiene un facilitador?

Las habilidades de un facilitador son muy variadas y se pasean por la empatía, la escucha activa, la creatividad, la perseverancia, la capacidad de análisis, la asertividad y la intuición. Un coach tiene que tener la capacidad de dar un consejo asertivo y de elegir muy bien las palabras que debe utilizar con sus clientes para no causar el efecto contrario.

Por supuesto, no podemos dejar de lado la formación: un coach debe estar preparado con las más innovadoras técnicas de motivación y manejo emocional, porque en sí, el coaching no es más que motivar a alguien para que pueda brillar con luz propia.

Estar en una relación de coaching -ya sea como aprendiz o facilitador- es algo maravilloso. Y la mejor parte es el sentimiento de realización que nos deja al final.

A pesar de que el estrés en su justa medida puede ser un gran aliado para ayudarnos en la consecución de nuestras metas y fines, lo cierto es que no es bueno en exceso. Y es que el estrés y la ansiedad aumentan nuestros niveles de cortisol - lo cual nos hace adquirir peso - y nos exponen a peligros como enfermedades coronarias, ataques de pánico, obesidad y degeneración celular.

En un mundo lleno de notificaciones, redes sociales e interacciones por doquier - más las ocupaciones diarias del trabajo o de la pareja - es difícil controlar la ansiedad, pero no imposible.

Aunque cada cabeza es un mundo - y a cada persona le funciona algo distinto -, quiero compartir contigo mis 5 secretos para controlar la ansiedad y vencer de una vez por todas al estrés.

¿Cómo controlo mi ansiedad? - Mis 5 secretos

  • Deja de querer controlarlo todo: querer controlarlo todo es una de las causas de estrés y de ansiedad número uno en el mundo. Una de las cosas que hago cuando siento a mi cerebro abrumado es aceptar que hay cosas que dependen de mí y otras que no. Una vez que lo entiendo, puedo centrarme en lo que sí puedo hacer para cambiar lo que no me gusta.
  • La alimentación es tu gran aliada: ciertos alimentos liberan sustancias que no sólo me ayudan a controlar el estrés sino también la ansiedad por dulces o comida basura. A veces consumir algo tan simple como un té de jengibre, un té verde o un té de canela puede marcar la diferencia. También el consumo de frutas y verduras de colores - como las manzanas y las fresas - favorece la oxigenación celular y el estado de calma.
  • Cerebro en modo avión: desconectarnos de todo por algunos minutos al día es necesario. Incluso, hay aplicaciones móviles que gestionan los perfiles de nuestros dispositivos móviles para ayudarnos en esta tarea. Pero personalmente yo prefiero colocar mis dispositivos en modo avión - al menos una media hora al día - y disfrutar de un té o tentempié mientras contemplo mi alrededor o me centro en algún pasatiempo. Es calmante, saciante y me abre la vena creativa.
  • Duerme como un bebé: dormir entre 6 y 8 horas es primordial para un cerebro descansado. Y es que cuando descansamos nuestros pensamientos suelen ser más claros. Mi mayor secreto sobre cómo controlo mi ansiedad es dormir unas 7 u 8 horas en la noche y tomar una siesta energizante durante el día de no más de 30 minutos. ¡No hay nada como levantarse con la cabeza fresca!
  • Intenta algo diferente: en ocasiones, necesito despegarme de lo que estoy haciendo para cambiar mi perspectiva o detener mis frustraciones. Dejar “reposar” el trabajo - o una decisión - es algo necesario cuando la ansiedad toca la puerta. Lo que hago en este caso es enfocar mi atención en algo diferente: puede ser algo simple - como jugar una partida de Tetris o escuchar música - o algo más complejo, como hacer alguna actividad que he estado dejando pasar o limpiar mi escritorio.

Y ¡listo! Acabas de descubrir cómo controlo mi ansiedad. Espero que mis 5 secretos te sirvan para decirle adiós a las preocupaciones y saludar a la felicidad.